Ryne Moore: Yandere as a philosophy of Love

Chapter 52: cao 44

Translate to
Chapter 52: cao 44

Ambas salimos, viendo a la joven Elena sentada junto a la ventana.

—Hija, voy a salir con la señorita Moore un momento —informó, dándole la llave—. ¿Te puedes encargar de cerrarlo todo?

Elena asintió sin despegar su rostro del celular, bueno, al menos hasta que me despedí de ella, correspondiéndome con una sonrisa.

Al salir del consultorio, ambas respiramos el aire fresco y frío de Vancouver por la noche.

—Ya llevo tres años en esta ciudad —admití sintiendo su frescura—. Y nunca me canso de esta sensación.

—Pensaba que odiabas el frío —agregó ella.

—Claro que lo odio, pero a comparación de Noruega, Vancouver es cálido —saqué mi celular, viendo la temperatura de veintiún grados—. Donde nací, siempre estaba bajo cero, era raro no ver nieve cubriendo el techo.

—Ahora que lo pienso, casi no conozco nada de tu infancia —me miró—. Es raro que comenzaras por Nolan y no por un verdadero inicio.

—Mi infancia no es muy memorable la verdad —dije, desviando la mirada a la luna—. No la recuerdo mucho, solo momentos muy precisos o que me recordaron.

—¿Hay algo que recuerdes en especial?

La volteé a ver. —Ya acabó su hora de trabajo, doctora Roy —le recordé, mostrándole la hora—. ¿Y si se relaja y hablamos de usted?

—Puede ser un tema de conversación —confirmó ella—. Pero tú misma lo dijiste, Moore, hay que relajarnos un poco.

—¿Y a dónde quieres ir, Hirise? —pregunté, apretando el pañuelo en mi cabello.

—No lo sé, Moore, justo le iba a preguntar lo mismo.

La miré. —Qué tal si comenzamos por lo más importante —cerré los ojos—. Mi nombre, que me llames siempre por mi apellido falso llega a sentirse un poco impersonal.

—¿Y cómo quiere que la llame? —preguntó—. ¿Ryne, Clear Norgues?

—Aunque Clear es mi verdadero nombre, me gusta más que me digan Ryne —sonreí—. Llámame Ryne con todo gusto.

—¿Y a dónde quieres ir, Ryne?

Me coloqué una mano en la barbilla, hasta que una idea llegó a mí. —Después de tanto hablar tengo la boca muy seca —reí—. Además, muero de hambre, ¿vamos por algo de comer?

—Conozco un buen restaurante cerca —dijo tomando mi mano—. Tu historia de ir a Gusti Italiani me abrió el apetito. Quiero algo de pasta italiana y una buena cerveza.

—Suena genial —sonreí—. Llevo un tiempo que no como en restaurantes, ¿o las cafeterías cuentan como uno?

—Si solo vas por café y donas, no.

—Entonces llevo un día que no como en un restaurante —reí—. Apenas ayer comí galletas en la cafetería de Nolan.

—Cuando digo donas me refiero a cualquier postre —aclaró.

—Oh, entonces llevo once días sin ir a un restaurante.

—¿Por qué?

—Ir a uno sola es igual de triste que un payaso sin chistes.

—Tienes un buen punto —concordó—. ¿Pero ese es un impedimento para ir a uno?

—Wiiu Wiiu Wiiu. Doctora Roy detectada fuera de horario laboral —alerté moviendo los brazos—. Alerta roja, código rojo, todo lo que termine en rojo, Wiiu Wiiu Wiiu.

—Ya entendí —interrumpió ella, bajando una de mis manos—. Tienes razón, me debo relajar un poco mi actitud pedagógica.

—Y bastante —recalqué—. Bueno, dijiste que querías ir a un restaurante a comer pasta, así que —extendiendo mi mano en su dirección—. Llévame a donde quieras ir, esta noche soy toda tuya.

Ella parpadeó un par de veces antes de empezar a caminar. —Qué esperas —preguntó girando la cabeza—. Es un buen lugar, te aseguro que hay bebidas sin alcohol.

Mis ojos se iluminaron ante esas palabras, caminando en su dirección. Ella, sin saberlo, caminaba igual que Emil, igual que Nolan, igual que Michael.

—Está perfecto entonces —dije siguiéndola sin oponer resistencia, con las mejillas algo rojas—. Hirise, ¿te molesta si te tomo del brazo?

—¿Por qué?

—Me es difícil caminar al ritmo de las personas altas —confesé tocando mis piernas—. También, cuando voy a lugares nuevos, no me gusta caminar sola.

—Eres igual que Elena —me dijo, extendiendo la mano—. Pero no me molesta que me lo pidas. Ya sabes que me gusta ayudar —iba a tomar su mano, pero ella la miró—. Pero antes, una pequeña condición —sonrió—. Vas a continuar tu historia.

Algo en esas palabras me hizo reír. —Solo eso —asentí, tomando su mano—. No sé por dónde empezar, va a ser difícil narrar en pasado mientras estoy en movimiento.

—Si quieres cierra los ojos, yo te voy a llevar...

—Hirise —interrumpí—. Yo también tengo mis condiciones.

—¿Y cuáles serían?

—Que tú también me cuentes algo de ti —apreté su brazo—. Mi condición es que tú también seas escuchada.

Asintió, mientras yo cerraba los ojos. El movimiento errático de su brazo me balanceaba de arriba abajo, mientras poco a poco me recargaba en su hombro y mi cuerpo se ponía en automático.

—Arriba y abajo, arriba y abajo...

Arriba y abajo...

Igual que el movimiento de mi cabeza al estar recargada en la ventana de su auto. En mi mente solo rebotaban esas tres letras, Wow, mientras mis ojos veían los faros de noche.

Yo estaba en el asiento copiloto, escuchando como Mayo reaccionaba a fotografías en la parte trasera.

—¿Y qué pediste la primera vez que fuiste? —le preguntó Nolan, girando por una curva derecha.

—La verdad, la primera vez me fui por algo seguro, pasta y albóndigas —mostró una foto que Nolan vio por el retrovisor—. Pero lo que sí les queda delicioso es la pajata.

—¿Qué es eso? —pregunté buscándolo en mi celular.

—Básicamente, son intestinos de ternera bebé —dijo sin parpadear, viendo mi rostro—. No pongas esa cara, sí, suenan horrible, pero tienen esta crema adentro que viene de la leche que tomaba el animal, y cuando se cocina queda algo muy delicioso.

—Mayo, que no se te olvide que estás hablando con una vegetariana —recordó Nolan mientras veía mi rostro—. Ryne es algo sensible con la carne.

—No digas eso, Nolan —lo interrumpí—. La carne solo me es difícil de digerir, no es que me niegue a comerla —dije tragando saliva.

—Tranquila, viene con una salsa de tomate muy suave —se defendió—. ¿Conoces la comida mexicana? Ellos comen menudo, que es un caldo rojo de panza, patas y tripas de res —sacó su celular, acercándose a mí, mostrándome una foto de ella.

—¿Qué estás comiendo? —pregunté, viendo como mordía un taco de carne blanca.

—Eso que ves, Ryne, es un taco de huevo de toro —sonrió—. Un chico me dijo que sabía delicioso y no mentía. Ese día comí dos huevos de toro.

—¿¡Qué!?

—Ay, tu cara, ternura —rio—. Es gastronomía mexicana, bebé. No lo consideres una guerra contra los naturistas vegetarianos.

—Sí, lo entiendo —confirmé, jugando con mis dedos.

—Mayo —llamó Nolan con una voz más seria de la noche—. Estás incomodando a Ryne.

—Perdón, estaba expandiendo sus conocimientos gastronómicos —sopló un mechón de su pelo—. Vas a un bufet chino y se sorprende con comida mexicana, ¿qué lógica tiene eso?

—Que en el bufet chino Ryne solo come pak choi y espagueti chino.

—También como arroz y verduras salteadas —corregí—. Además, amo llevarme un par de wok para desayunar juntos.

—Sí, pero si tú no lo recalientas, me prohíbes comerlo.

—Yo lo mejoro con salsa negra. Es para que te guste más.

—¡Ya! —interrumpió Mayo—. Discutimos como pollo agridulce —dijo sonrojada, como si no supiera qué responder, pero sus ojos se fijaron en un cartel que decía con letras cursivas de color amarillo Gusti Italiani—. Llegamos —apuntó—. El mejor restaurante de Vancouver.

—Claro, solo que no veo el estacionamiento.

—Aquí no necesitas buscar estacionamiento —volvió a decir, apuntando a un trabajador—. Ellos se encargan, son todos unos profesionales.

—Signorina —dijo un chico joven de traje rojo con botones amarillos y un mandil blanco en la cintura—. Mi permetta di aiutarla a scendere.

—¿Qué dijo? —le pregunté a Mayo.

—Quiere ayudarte a bajar —contestó ella, acercándose a mi oído—. Tú dile: Certo, però dopo mi fai una bella scopata.

Lo miré, extendiendo la mano como había visto en las películas. —Ce-certo, però dopo mi fai una bella scopata —sonreí.

—¡Che sfacciataggine, signorina...! Ma non posso farlo durante il mio orario di lavoro —dijo tomando mi mano, sacando de su chaleco un papel—. Ma mi è difficile rifiutare una proposta così allettante —me dio su número de teléfono—. È una donna davvero bellissima, quindi chiamami quando vuoi sfogarti.

No entendí lo que dijo, solo sonreía, mientras veía a Mayo reír.

—¿Qué dijo? —volví a preguntarle a Mayo.

—Dice que le pareciste muy guapa, y te dio su número para que algún día puedan hablar —decía, con una risa en cada palabra—. Tú dile: Grazie, mi piacerebbe succhiarle il cazzo una sera.

—Quiero decirle que gracias pero tengo pareja.

—Oh, pues dile: La chiamerò una sera perché me lo metta nel culo, ma ho un compagno.

—La chiamerò una sera perché me lo metta nel culo, ma ho un compagno —dije, sonriéndole mientras me alejaba y tomaba el brazo de Nolan.

—Veo que hiciste un nuevo amigo —dijo Nolan.

—Me dijo que estoy guapa, pero le dije que ya tengo pareja —lo abracé más fuerte, apoyándome en su hombro mientras cerraba los ojos—. Ahorita solo quiero disfrutar la cita con mi hombre.

Él acarició mi cabeza. —Ya llegamos, Ryne, vamos a comer algo rico —y así comenzó nuestra cita.

Abrí los ojos, viendo el restaurante frente a mí. Y ella, repitiendo sus palabras exactas. —Ya llegamos, Ryne, vamos a comer algo rico —sonreí.

Capítulo 35: Gusti Italiani IV

How did this chapter make you feel?

One tap helps us surface trending chapters and recommend titles you'll actually enjoy — your vote shapes You may also like.